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No es una anomalía: así funciona el sistema ahora
Esta semana no hablamos de un evento aislado ni de una próxima crisis puntual. Hablamos del marco estructural en el que se moverán los mercados durante años: un sistema atrapado por su propia deuda y sostenido únicamente por liquidez.
💎 Introducción
El mundo ha cruzado un umbral silencioso: la deuda ya no es un problema a resolver, sino una condición permanente del sistema. Bancos centrales y gobiernos han cambiado las reglas del juego, y entender este nuevo régimen es clave para no tomar decisiones financieras con un mapa que ya no sirve.
🧱 La burbuja de deuda que ya no puede pincharse
La deuda global supera con holgura los 340 billones de dólares, más de tres veces el PIB mundial. No es una cifra anecdótica: es el corazón del sistema actual. Gobiernos, empresas y entidades financieras dependen de un nivel de endeudamiento que hace imposible una “normalización” clásica.

Durante décadas, la narrativa fue clara: crecimiento, ajuste, desapalancamiento. Hoy eso ya no aplica. El sistema necesita más deuda para sobrevivir, no menos. Cada intento de frenar el endeudamiento provoca tensiones inmediatas: quiebras bancarias, estrés en los mercados de bonos o crisis de liquidez.
El problema no es solo cuánto se debe, sino la velocidad y concentración de los vencimientos. Entre 2026 y 2027 se levantará un auténtico muro de refinanciación. Decenas de billones deberán renovarse en un corto periodo de tiempo. En este contexto, permitir que el mercado “limpie excesos” no es una opción políticamente viable.
🏛️ Dominancia fiscal: cuando el banco central ya no manda
Aquí aparece el concepto clave: dominancia fiscal.
La frontera entre política monetaria y fiscal ha desaparecido.

Los bancos centrales ya no pueden actuar con independencia real porque el volumen de deuda pública hace que subir tipos de forma sostenida sea inviable. La prioridad no es controlar la inflación a cualquier precio, sino garantizar que el Estado pueda seguir financiándose.
En la práctica, esto significa que:
La política monetaria se adapta a las necesidades del Tesoro
Los tipos reales tienden a ser bajos o negativos
La inflación se tolera como mecanismo de ajuste
El Estado gasta primero, inyecta liquidez en la economía y luego emite deuda para absorberla. La idea tradicional de que “el gobierno necesita ahorrar antes de gastar” ha quedado obsoleta en un sistema soberano y altamente endeudado.
🌊 La liquidez como nuevo motor del sistema
En un mundo con tanta deuda, el precio del dinero importa menos que su disponibilidad.
Lo crítico no es el tipo de interés, sino que exista suficiente liquidez para refinanciar.
La liquidez hoy no se mide solo en agregados monetarios, sino en la capacidad de balance del sistema financiero: la voluntad de prestar, aceptar colateral y mantener abiertos los mercados clave, especialmente el de repos.
Los bonos soberanos se han convertido en el colateral fundamental del sistema global. Cuando su precio es estable, la maquinaria funciona. Cuando su volatilidad aumenta, la liquidez real desaparece rápidamente.
Por eso los mercados pueden seguir subiendo incluso con tipos elevados: mientras los flujos de liquidez sigan activos, el sistema aguanta. El riesgo real no es una recesión clásica, sino una crisis de refinanciación.
🔥 Inflación: el ajuste políticamente aceptable
Llegados a este punto, la disyuntiva es clara:
o se permite una cascada de impagos y quiebras,
o se licúa la deuda de forma gradual.

La opción elegida es evidente. La inflación actúa como un impuesto silencioso que reduce el valor real de la deuda sin necesidad de declarar defaults. No es un error del sistema: es una herramienta de supervivencia.
El coste lo pagan los ahorradores en efectivo y quienes no tienen activos. Los beneficios recaen en los grandes emisores de deuda y en quienes poseen activos reales o financieros. Es una redistribución silenciosa que explica buena parte del malestar social actual.
🧠 Un sistema que no va a “volver a la normalidad”
Pensar que volveremos a un mundo de baja deuda, tipos reales positivos y bancos centrales ortodoxos es un error de diagnóstico. El sistema ha cambiado de régimen.
Nos movemos en un entorno de:
Deuda estructuralmente alta
Intervención recurrente
Inflación tolerada
Liquidez como variable crítica
Cada vez que algo se rompe, la respuesta será la misma: más liquidez. No por ideología, sino porque la alternativa es políticamente inasumible.
🧭 Qué implica esto para ti
En este contexto, no hacer nada también es una decisión, y suele ser la peor. Mantener capital inmóvil en moneda fiat implica aceptar una pérdida progresiva de poder adquisitivo.
El nuevo régimen favorece a quien entiende cómo funciona la liquidez, cómo se licúa la deuda y por qué los activos se comportan como lo hacen. No se trata de predecir crisis, sino de adaptarse al marco estructural en el que ya estamos.
Porque este sistema puede no gustarnos, pero es el que gobierna los mercados hoy.
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